jueves, 29 de junio de 2017



El   REY  OLVIDADO


En el año 2012 el Rey Juan Carlos I impuso  la Gran Cruz Laureada de San Fernando al Regimiento de Caballería Alcántara por su actuación en el histórico desastre de Annual. Durante 90 años se olvidó que  entre el 22 de julio y el 9 de agosto de 1921, el Regimiento de Alcántara se inmoló luchando contra los rifeños para garantizar el repliegue de las tropas españolas desde Annual hasta el monte de Arruit.  Sólo quedaron  vivos el oficial al mando,  Tte., Coronel D. Fernando Primo de Rivera, quien moriría días después a causa de las heridas, otros tres de los treinta y dos oficiales y unos setenta miembros de la tropa.


Ahora, al celebrarse el aniversario de las primeras elecciones democráticas de la Transición, los protocolos olvidaron invitar la presencia  del protagonista de tantas iniciativas para posibilitar la democracia, de decenas de acciones para desatascar el camino, de ponerse frente a quienes trataron de zancadillearla usando su nombre en vano o por otros motivos turbios y, sobre todo, del Rey que entregó sus poderes al Congreso en un acto de creencia y lealtad institucional enorme. ¡Era el momento para reconocérselo en la cara! Muchos de los que teníamos treinta años por entonces, republicanos que como mucho nos considerábamos juancarlistas sin carnet, seguimos sin prestar atención a lo que no se debe prestar y agradecidos al monarca campechano que nos guió por el sendero de la democracia. Que no pasen 90 años en reconocérselo, porque ni él ni nosotros podremos disfrutarlo.


jueves, 11 de mayo de 2017



STAR WARS EN EL CALDERÓN

Las conmemoraciones en torno a Star Wars se suceden con regocijo de miles de personas,  generaciones  de niños ayer echan de menos su edad de la fantasía y no desean que sus mitos se evaporen. He visto por primera vez la primera película de Star Wars (1977) a los 78 años de edad y lo comprendo.

Mi verdadero Star Wars fue ayer en el Calderón, estadio que pisé una vez en mi vida –el resto lo hice con la TV-- después de frecuentar muchísimo el Metropolitano con mi amigo  madridista José Luis de Miguel, notario de Zaragoza años más tarde. Visitábamos alternativamente el Bernabéu y el Metropolitano sin disputa alguna entre nosotros. En el Calderón se han visto victorias y derrotas épicas al ser  un lugar donde se ha batallado mucho, no como en esos estadios donde casi siempre gana el propietario y

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aburren por repetidos. A Don Vicente Calderón, el de carne y hueso, le veía por los veranos en Gandía dando paseos por la playa con Adelardo. Ahora le borran del nomenclátor gente que dice hacer amigos en todas partes.

La gente del Real Madrid pueden celebrar, pero no pueden ver con entusiasmo excesivo los vídeos de los tres últimos enfrentamientos con el Atlético pese a las aclamaciones y la cohetería de la prensa que sólo gusta de resultados. En las dos finales europeas que los madridistas ganaron recientemente jugaron peor y sólo cumplido el tiempo de chirinola una vez y la otra por un penalti que tiramos al poste; en la reciente vuelta de la semifinal, lo peor no fue perder sino pasar cuarenta minutos con borujo. Los del Barça, todo hay que decirlo, estuvieron esos minutos en la gloria, a menos perder Sin embargo, todo el mundo sabe en Europa que la Champions es casi siempre del Madrid y no hay que darle vueltas; también se puede añadir...  que lo ha conseguido mientras el Atlético ha permanecido en el Calderón porque ya veremos cuando visiten el nuevo Metropolitano.

jueves, 27 de octubre de 2016




Don Quijote no era… un sacamuelas


Tenía que ser un jurista, de nombre D. Javier Escudero, quien descubriera documentos inquisitoriales que permitirían pensar que el grandioso D. Quijote nacía de un sacamuelas o barbero, hijo bastardo de  hidalgo, que en ocasión célebre arremetió contra cruces y molinos por hacerlo corto. Por mucho que aporte el larguísimo artículo en El Mundo[i] debemos gritar hasta ser bien oídos que, como D. Ricardo Gullón repetía de continuo a sus discípulos, el Napoleón de las novelas nada tiene que ver con el de la realidad, y añadiría este discípulo suyo, que Don Quijote tampoco tiene que ver con cualquier tipo de la realidad al ser producto sublime de la invención y el ingenio que trastoca la realidad por encima de las apariencias, del ingenio que proporciona a los personajes dimensiones y naturalezas propias.




[i] Ver “Don Quijote era… un sacamuelas de El Toboso”, El Mundo, 27 de octubre de 2016
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domingo, 14 de agosto de 2016

…en el diván están los humanos en lugar del perro


Lo ha escrito el periodista Jordi Pérez Colomé en El País a propósito de perros y psicólogos de caninos, y leyéndole, uno saca la conclusión de que estos animales padecen porque no sabemos comprenderlos o tratarlos; pasados unos meses, les deprimimos. Algunos humanos los medican como se medican ellos y el Sr. Pérez cierra con un enigmático: “Para algunos, el Prozac  funciona”.

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¿Pero qué me dicen de los escualos de Groenlandia capaces de vivir de cuatro a cinco siglos, o  de la almeja de Islandia que supera los quinientos años; seguro que algún gourmet preguntará: ¿Y a qué sabe? Todo porque llevan una vida lenta, tan lenta que el primer kiki se lo echan a los 150 años de edad sin que se sepa cuánto dura. Hace tal frío en esos mares que el metabolismo y la vida celular son de un ritmo muy inferior. Si Josep Pla hubiera sabido de estas cosas no hubiera titulado La vida lenta a uno  de sus libros; hasta el loro de nuestros bisabuelos pasando de generación en generación parece ridículo ¡y dejemos en paz a nuestros centenarios! Nos sacan los colores. Y no tienen enfermedades mientras que entre nosotros abundan más que  el krill en los mares. Que aquéllos son únicos es decir poco. Nuestra memoria les resultaría  infantil si pudiesen leerla. Aquí la única vida lenta la lucen los políticos; sólo tienen  que abrir  un párpado para que les pongan pañales.







martes, 2 de agosto de 2016



Whitman, el tirador asesino
de la Torre de Austin


En la mañana del 1 de agosto de 1966, cuando Charles Whitman subió a la torre del reloj que coronaba la biblioteca de la Universidad de Texas en Austin, el autor de estas líneas estaba en el piso de Charles A. McBride, un colega profesor de español en la misma Universidad que había traducido a nuestro idioma  poesías de Robert G. Burns, habiéndome solicitado  que puliera su castellano.[i]

Estando en la casa de McBride  recibí una llamada de mi mujer comentando que algo grave sucedía en el campus. Al menos un tirador se había encaramado a lo más alto de la torre de la universidad, a 70 metros del suelo,  y disparaba a cuanta persona veía desde arriba, especialmente a quienes circulaban por la calle Guadalupe. Mi mujer estaba nerviosa porque nuestro alojamiento de Brazos St. estaba bastante cerca de la torre y no sabía nada de mí.

Se desconocía  el número de los matarifes --bien que desde un pequeño avión se observó que sólo era uno- y tampoco se podía cuantificar el número de las víctimas. El episodio veraniego se sumaba a otro ocurrido el 18 de julio del año anterior en el que Susan Rigsby y Shirley Ann Stark fueron asesinadas por el estudiante James C. Cross de 22 años --que el año anterior había salido una docena de veces con Shirley-- a quien las viajeras  habían solicitado usar su cuarto de baño para ducharse y aliviarse de los sudores del viaje desde Dallas al no tener listo su alojamiento hasta horas más tarde.

Charlie McBride me acercó a mi casa no sin riesgo.  Betty Jean –nuestras  bodas de papel se cumplirían veintiún días después-- me puso al tanto de las últimas noticias: que  se hablaba de muchos heridos y al menos diez muertos. Al final  supimos que los asesinados fueron 15 y 32 los heridos; en la víspera, había matado también a su madre y a su mujer; según dejó escrito las amaba, pero  quería  privarlas de los sufrimientos de este mundo y ahorrarles la vergüenza que les  produciría el conocimiento de sus acciones posteriores. Whitman había tenido trato con las armas desde niño aleccionado por un padre autoritario y fue un ex marine que obtuvo el rango de Eagle Scout: por cada bala, un caído.


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Nadie mejor que Alberto Lacerda aglutinó la simbología del lugar y las sensaciones que el criminal había dejado en la comunidad universitaria. El amigo y laureado poeta mozambiqueño que fue profesor invitado de la universidad, escribió en el poema Austin-Texas ou Uma Homenagem Inesperada a Jean-Luc Godard[i]:

A torre é una máquina celibatária
Que mata com eficiência americana.

Ahora, 50 años después, acaba de permitirse a los estudiantes de Austin y de las otras universidades públicas de Texas que  lleven armas ocultas al deambular por el campus, al  ir a clase o entrar en los despachos compartidos por varios profesores. Texas es el octavo estado norteamericano que lo aprueba. Poco importa la opinión de quienes tienen  pensamientos críticos o vivimos aquello; nos queda llevar las manos a nuestras cabezas.

Whitman fue muerto por un pequeño grupo de policías y civiles que lograron subir a la torre;  el agente Ramiro  Martínez descargo las seis balas de su revólver sobre el sorprendido ex marine y recibió dos disparos en la cabeza de Houston McCoy. Antes de ser abatido, una multitud de civiles armados –muchos llevando el típico sombrero tejano para librarse del sol—se personó en el lugar y cercó la torre disparando desde abajo  sus pistolas o rifles, lo que sirvió para dificultar el trabajo asesino de Whitman y ayudar a la policía. No obstante, todavía hoy el recuerdo de aquella multitud disparando me da un miedo parecido al proporcionado por el  tirador de la torre.

La autopsia descubrió que Charles Whitman sufría un tumor cerebral agresivo que se había apoderado de él. Consciente de sus sufrimientos, aunque sin saber el motivo, dejó escrito en su diario: “algo no funciona dentro de mi”  y “he sido la víctima de pensamientos inusuales e irracionales






NOTAS.:

[i] El libro contenía los poemas de Robert Grant  Burns bajo el título Mundo Tranquilo (Quiet World) de cuya 1ª edición bilingüe me ocupé y se publicó en Orion, Madrid, 1967.

[ii] Alberto Lacerda, Selected Poems en portugués con traducción al inglés del autor, The Humanities Research Center,  The University of Texas, Austin, 1969, pg.. 88




lunes, 30 de mayo de 2016




Mr. Ciudadano Twitt


Hace unos días mi mujer volvió de la calle al mediodía comentando que la institución de la que yo había sido director organizaba un ciclo de conferencias ya iniciado y que un gran amigo iba a impartir  la del día. Se había informado leyendo  un cartel expuesto en un local próximo a un establecimiento de Lizarrán.

Por la tarde y antes de saludar a mi amigo comenté a la Sra. Secretaria de la institución mi motivo de estar allí, y me dijo sorprendida: ¡Claro! Es que mandamos las invitaciones vía twitt;  olvidamos que Ud. no tiene.


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Como no tengo filiación en  las redes al uso ni tampoco WhatsApp sucede que casi ni existo incluyendo a la familia. Mis hijos a la hora de comer conversan poco conmigo y alguno aprovecha el rato en casa para sacar tajada a su móvil porque tenemos wifi. Mis nietos llegan con los ojos sobre la  tableta y andan tan metidos que casi ni te responden si les preguntas.

Nada se elucubra,  proyecta o formula más allá de 140 caracteres, pensamientos liofilizados llamados twitt expuestos al escrutinio de interlocutores que pueden sumar legión. Por eso, cuando Simeone pierde la Champions y dice --mirando de modo enigmático-- que tiene que pensar, aplaudo. ¿Pensar hoy más allá de 140 caracteres? ¿Pensar de verdad? No se lleva y por eso hay muchos que están verdaderamente preocupados con lo de Simeone



martes, 26 de abril de 2016


Una reflexión para el día


En su libro de memorias  Una página difícil de arrancar, Don Alfonso Guerra incluyó vivencias políticas del máximo interés así como pensares y circunstancias personales que retratan un perfil humano de características sobresalientes.  Justo antes del Epílogo, anota las palabras que profirió ante dos centenares de amigos dilectos entre las que sobresale una reflexión que me  parece aplicable  a la realidad de estos días: “Y siempre respeté la palabra dada. En el siglo XIX  las relaciones de muchos hombres se regían por el principio del honor, la palabra dada era sagrada. En el XX el honor se esfumó, sustituido por el pudor, el abandono de un compromiso producía al menos pudor. En el nuevo siglo ni honor ni pudor, sólo queda el descaro[i].



[i] Alfonso Guerra, Una página difícil de arrancar (Memorias de un socialista sin fisuras),  Planeta, 2014, p. 608